Horizonte Proyecto Hombre volvió a fundirse con el pueblo de
Marbella y sus visitantes en un abrazo de solidaridad en el Rastrillo de
ayer.
Con las ocho campanadas del reloj de La Encarnación llegaban al
Parque de la Alameda las furgonetas cargadas de percheros, mesas, ropa,
libros y otros bártulos y los usuarios de Horizonte con sus educadores
comenzaron distribuirlo, de acuerdo a lo previamente planificado, por
todos los paseos interiores bajo la supervisión de María Eugenia que, al
igual que los buenos artistas, siempre se levanta como un manojo de
nervios cada domingo de Rastrillo a pesar de los años de experiencia
sobre sus espaldas.
Antes de las 10 ya aparecen los compradores más madrugadores que se
mezclan con las voluntarias rezagadas y con los últimos preparativos.
La
mañana saludó al sol a primera hora pero la niebla decidió instalarse
en toda la franja costera de la ciudad.
Malo para los playeros, bueno
para el mercadillo: ni calor, ni frío; disuasión para ir a la playa y en
su lugar pasear por el centro.
A mediodía La Alameda parecía una
manifestación pacífica en busca de gangas.
Encuentros con amigos,
familaires, ¡cómo ha crecido tu crío!, ¡pero qué morena estás!, ¿cómo lo
habéis pasado en vacaciones?, ¡anda que vas a acabar con el mercadillo,
ya te has llevado lo mejor!
Es hora de comer y los colegas de ARAMA bullen como la paella, los
pinchos y las chuletas. Unos comen de pie, otros encuentran mesa, silla y
charla pero la mayoría se lleva su plato y su vaso al puesto para no
perder oportunidades de hacer caja.
La hora de la siesta es la más dura.
Baja
el gentío y sube la sonnolencia y el cansancio.
Desde el Rastrillo de
agosto tocamos una campanilla cada vez que se hacen mil euros. Eso
despierta, anima, motiva, nos da fuerzas para afrontar la tarde.
Hacemos apuestas.
¿Llegaremos a ocho mil?
Los más oprtimistas, creemos
que alcanzaremos la cifra de agosto: nueve mil. Por esta vez ganó el
optimismo.
Cerca de las 10 de la noche, Bernardo contaba, con los ojos
fuera de sus órbitas, las últimas monedas: nueve mil, nueve mil cien,
nueve mil doscientos…
.png)
¡nueve mil doscientos caurenta euros brutos!
Cuando descontemos los gastos quedará algo por debajo de la cifra
redonda, pero un domingo más habremos cumplido la misión.
Cansados, doloridos, algunas descalzas porque ya
no aguantan los zapatos, mucho ibuprofeno y mucho paracetamol
consumido… Valió la pena.
Llegan de nuevo las furgonetas y nuestros
chicos con sus educadores.
Por ellos y sus familias siempre vale la pena
el esfuerzo.
Gracias, chicos, porque nos dais la oportunidad de
ayudaros. Gracias Voluntarias. Gracias Marbella.
Crónica: Horizonte Proyecto Hombre Marbella